Voto útil. Ineficacia democrática


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22-04-2019  

Está claro que los sistemas democráticos, que se basan en la soberanía popular son los mejores, más justos y que más bienestar han proporcionado a las sociedades que los escogido como modelo de convivencia y de gobierno. Frente al riesgo de que la mayoría se equivoque debemos asumir que al fin y al cabo tendrá lo que se merezca. Por eso es importante que la población esté suficientemente bien informada y educada para tener criterios sobre los que basar y ejercitar su opción. Y si no, nos encontraremos con resultados como algunos que hemos visto recientemente donde tras decisiones equivocadas llega el llanto y crujir de dientes. Pero eso es otro asunto.

Para la elección del modelo en que esta voluntad se manifiesta existen numerosas alternativas, que se evidencian en los muy diferentes sistemas electorales instaurados en variados países.

No es fácil asegurar cual es el mejor y depende mucho sobre todo de la costumbre, de la tradición histórica, de las circunstancias en que se implantó y otros aspectos, por supuesto siempre discutibles, pero también respetables.

Sin embargo, hay razones que nos sugieren que algunos sistemas, como el nuestro son francamente mejorables, porque puede parecer que en efecto no son un mecanismo muy acertado para reflejar con precisión la verdadera voluntad del pueblo. En concreto, el sistema español es obvio que no recoge ese requisito puesto que los ciudadanos no pueden ejercer libremente el ejercicio a escoger la opción preferida, dado que el juego de la selección obliga a tener en consideración el voto útil. Así puede primar, y de hecho lo hace, el deseo de evitar un mal menor frente a optar por lo verdaderamente deseado. Lo razonable es que cada uno votara lo que le apetezca y luego ya veremos… Los pactos después.

Este modelo tiene además otros efectos perversos. El simple hecho de tener que hacer cábalas y auténticos ejercicios de simulación, incrementa la posibilidad de error. Y además desvía el debate electoral hacia las posibles conclusiones respecto a hipotéticos pactos, lo que obliga a calificar a los posibles pactistas por parte de los contrincantes, por supuesto con los peores calificativos posible. Así se ha hurtado el debate sobre los temas que son realmente de interés, centrándolo en las hipotéticas consecuencias de esos perversos pactos.

Ya sabemos por qué sucede esto y también como se puede arreglar. Eso solo requiere voluntad para cambiar la ley electoral. Pero hace falta querer hacerlo. Yo soy de la opinión de que hay que hacerlo. Y si tuviera que elegir, por afinar más: circunscripción única y listas abiertas. Totalmente proporcional. Es más, por dar un paso más, hasta me sobra la cámara alta.   

TOPIC: ACTUALIDAD

Burbuja creada por:


Antonio Miranda





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