Gambas por las nubes. Marketing navideño.


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19-12-2019  

Recientemente hemos visto una novedosa y brillante estrategia de marketing en lo que a fijación de precios se refiere.

Desde luego ingeniosa. Con la finalidad de encontrar justificación a la subida del precio del marisco.

Resulta que la deleitante actividad de chupar e incluso sorber, a veces con excesos acústicos, las cabezas de los bichos, más bien el interior o contenido de las mismas, es sumamente peligrosa para la salud, porque supone la ingesta de enormes cantidades de un extraño elemento de esos que al parecer pululan por la tabla periódica y por los crucigramas. O sea que los cerebros objeto de análisis son venenosos.

No es casualidad que esta importante noticia para nuestra salud se dé a conocer en periodo navideño, bueno, prenavideño. Viniendo así a contribuir destacadamente al incremento de los precios de los crustáceos propios de estas fechas. Claro, que los que no tienen cabeza, también subirán de precio. Es que el mimetismo comportamental es así.

Es lógico, dado que una parte de la vianda no es comestible, es decir útil, la productividad degustativa de la misma disminuye en la proporción del peso de la cabeza al resto del cuerpo. Por tanto, para disfrutar de la misma cantidad de manjar es preciso adquirir un peso mayor al del año pasado. Conclusión: hay que subir, todavía más, el precio de la unidad de compra. En esto los pescaderos, pescateros y pescadores, demuestran ser auténticos maestros en aplicar las fórmulas matemáticas que sean necesarias para incrementar su utilidad marginal. También demuestran auténtica maestría, los demás componentes del canal de distribución.

Hay quién dice, no obstante, que, en buena lógica, el precio lo que debería hacer es disminuir. Se nota que es de letras o que se acaba de caer de un guindo. Y su osadía le lleva a defender que sería una buena idea porque así se paliaría el efecto de la subida tradicional del precio en Navidad, como si al que pone los precios le importara.  

También hay otra corriente de pensamiento que aboga por vender los animales previamente decapitados, cosa que, desde luego, es inadmisible porque supone un brutal atentado contra la integridad de los mismos, aparte de ir en contra de la práctica de cobrar por los despojos (primero se pesa y luego se tiran las sobras, como debe ser). ¿O es que estos no van nunca a comprar a la carnicería o pescadería? En frutas y hortalizas es menos frecuente.

Y además, ¡venga hombre! Si al final se seguirán chupando las cabezas por mucho que el isótopo que sea del elemento ese, de número atómico 48, anide en sus sesos. Que te quiten lo bailao. Ya dejaremos de ingerir al año que viene. Disfrutemos hoy y mañana ya veremos.

En resumen: que habrá que asumir la posibilidad de acabar envenenado pero desde luego lo que sí tenemos es la certeza de sufrir el expolio de nuestras carteras.

En fin, todo este episodio es una auténtica tragedia para aquellos a los que les gustan los animales, sobre todo los langostinos y sus parientes.

Ya de paso, aprovechando la oportunidad mediática que esta revelación supone, acuden todos los futuribles a apuntarse al carro comunicativo. Como los nutricionistas, que en esto, ¿qué tienen que decir? ¿Qué tendrán que ver las cualidades nutricionales de una sustancia con el hecho de que te envenenes? ¡Por Dios! Que son cosas que no tienen nada que ver.

TOPIC: ACTUALIDAD

Burbuja creada por:


Antonio Miranda





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